Tierna,así era ella.Intentó explicarle la historia de su vida pero no pudo. No le comprendían. Un diario sin escribir y una batalla que contar. Con detalles o sin ellos, qué más da, nadie conocerá nunca la historia de su guerra interminable.
Se la contó una y otra vez,a ellos, a todos. Recreó las escenas en su mente miles de millones de infinitas veces, con innumerables cambios cada vez que recordaba, con incontables e infinitesimales detalles que nadie reconocía más allá de cierta línea en el horizonte.
Corrió hacia el sol, hacia el mar, intentando huir, y siguió sin poder hacerlo. No sé quién le hablaba de no sé qué centro, no sé qué día, no sé qué baile ni qué canción. Todos hablaban, todo resonaba. Todo.
Incomprendida, se enfadó con quien no debía, gritó a quien no quería y voló para estrellarse contra el muro. Sintió los párpados caer, los ojos rojos ya de intentar ver algo en la oscuridad del momento. ¿La claridad del principio? Ni idea, quizás estará en el cajón desastre que todavía no ha encontrado.
Le pidió que le protegiera del tiempo, el espacio y la infinitud del universo. Le dio igual que ellos se fueran sin despedirse. Le daba igual todo desde que sabía que le daba igual el mundo.
Cansada ya de llorar, con las manos entumecidas de frío y escondidas bajo unos viejos guantes, decidió partir. Y, ¿sabes qué?
