La
primera vez que te vi no tenía ni idea de que provocarías tal incendio en mi
vida; desatado, descontrolado, furioso, que recorrería mi espina dorsal con
todos y cada uno de los roces de tu cuerpo en mi piel. Puede que fuera el mar
de tus ojos, el sonido de tu risa provocada por la mía o yo que sé... pero
me has hecho perder totalmente la cabeza. Y no hay manera de encontrarla
