Te guardo
rencor porque yo te quise más de lo que tú podrás querer jamás a nadie y no
supiste valorarme ni corresponderme. Y lo único que te pido, estés donde estés,
es que no me olvides, que cada mañana te despiertes pensando en mí,
torturándote porque me hundiste la vida y, aunque quisieras volver, yo ya no te
aceptaría. Sólo te pido que sueñes conmigo, que llores en la ducha por mí, que
cada película o canción te recuerde a mí y que cada vez que veas una mujer
pienses que soy yo y corras a saludarme y recuperarme. Y te tortures, día tras
día, con preguntas sin respuesta, con lágrimas y ojos rojos, con cabezas bajas
y pelos castaños, y que cuando te pregunten qué te pasa no sepas qué responder
pero esta vez por timidez. Y supéralo, hazte fuerte como hice yo. Y ódiame.
Ódiame por haberte hecho sentir tanto una vez separados. Pero quiéreme. Por
favor. Sólo un poco, para que cada vez que se te escape mi nombre entre
sollozos me piten los oídos y ese dulce pitido me recuerde a ti.
Agridulcemente, te amo, como jamás amaré a nadie.
